El cierre de operaciones de Iberia, LATAM, Avianca, TAP, GOL y Turkish Airlines refleja el mayor quiebre entre Caracas y la industria aérea en más de una década. Todo comenzó con una advertencia de la FAA por actividad militar en la región.
Venezuela entró esta semana en una crisis aeronáutica sin precedentes. El gobierno de Nicolás Maduro revocó las concesiones de seis aerolíneas internacionales —Iberia, LATAM Airlines (Colombia), Avianca, TAP Air Portugal, GOL y Turkish Airlines— después de que estas compañías suspendieran sus vuelos debido a una alerta de seguridad emitida por la Federal Aviation Administration (FAA) de Estados Unidos. La medida deja al país con una conectividad internacional mínima, concentrada en unas pocas compañías regionales que todavía mantienen operaciones.
Qué detonó la crisis: una advertencia que encendió todas las alarmas
El viernes 21 de noviembre, la FAA publicó un NOTAM advirtiendo de un “empeoramiento de la situación de seguridad” en el espacio aéreo de Venezuela y zonas del Caribe ante el incremento de actividad militar estadounidense en la región.
La respuesta fue inmediata. Iberia, TAP, Avianca, LATAM Colombia, GOL y Turkish Airlines suspendieron vuelos. En tanto, Air Europa, Plus Ultra y Caribbean Airlines también paralizaron operaciones temporalmente. Así, en menos de 72 horas, más de diez aerolíneas dejaron de volar a Venezuela. Para muchas compañías, la combinación de advertencia de seguridad más exposición legal y restricciones de seguros no dejó margen para seguir operando.
La autoridad aeronáutica venezolana dio un plazo de 48 horas para restablecer vuelos. Ninguna compañía cedió. Acto seguido, el Estado anunció el veto y la revocación de licencias a las seis aerolíneas principales que no retomaron operaciones. El gobierno acusó a estas compañías de “sumarse a acciones de terrorismo de Estado promovidas por Washington”.
La decisión afecta rutas clave para los venezolanos, como:
- Caracas–Madrid (Iberia, Plus Ultra, Air Europa)
- Caracas–Bogotá (Avianca, LATAM, Wingo)
- Caracas–Lisboa (TAP)
- Caracas–Panamá (Copa, que sí mantiene operaciones)
- Caracas–Estambul (Turkish)
Con Iberia afuera, Venezuela pierde su conexión histórica y más estable con Europa.
La crisis que estalló esta semana no surgió de la nada: lleva años gestándose. Durante mucho tiempo, Venezuela mantuvo miles de millones de dólares en ingresos de pasajes atrapados por controles cambiarios, impidiendo que las aerolíneas repatriaran su dinero. Muchas compañías jamás recuperaron esos fondos, y la IATA llegó a señalar al país como uno de los mayores responsables de retenciones a nivel mundial. A esto se sumó un entorno regulatorio cambiante e impredecible, marcado por modificaciones constantes en las normas, restricciones operativas y ausencia de garantías básicas para las aerolíneas, lo que convirtió al mercado venezolano en uno de los más complejos del continente. En paralelo, la grave caída económica y la deteriorada demanda interna fueron empujando a varias compañías a reducir o abandonar rutas mucho antes de que estallara la crisis actual. En ese contexto frágil, la advertencia de seguridad de la FAA solo actuó como la chispa final de un conflicto latente desde hace años.
Hoy, tras el veto del gobierno a seis aerolíneas internacionales, Venezuela queda prácticamente aislada por aire. La conectividad internacional se sostiene apenas con la operación de Copa Airlines, Wingo, Satena y Boliviana de Aviación, además de un puñado de aerolíneas venezolanas que mantienen rutas puntuales. Sin embargo, la salida de compañías de largo alcance como Iberia o Turkish Airlines deja al país sin la mayor parte de sus conexiones directas con Europa y con una reducción significativa de sus enlaces con Sudamérica.
Las consecuencias para los pasajeros son inmediatas: tarifas más altas, menos frecuencias y viajes mucho más largos que obligan a conectar vía Panamá o Bogotá. Para la industria aérea, el golpe también es profundo: operar en Venezuela implica hoy un riesgo reputacional considerable, mientras que las pocas aerolíneas que siguen activas enfrentan mayor presión para absorber la demanda restante. A nivel regional, los grandes hubs latinoamericanos comienzan a reordenarse: Panamá, Bogotá y São Paulo podrían captar parte del tráfico desplazado, mientras que Madrid pierde un flujo histórico de pasajeros provenientes de Caracas. Europa, en general, queda prácticamente desconectada del país.
Este escenario abre una pregunta difícil: ¿es posible reconstruir la conectividad aérea de Venezuela? Todo indica que el país entra en una nueva fase de aislamiento, esta vez impulsada no solo por razones económicas, sino también por tensiones geopolíticas y de seguridad. Si las aerolíneas volverán o no dependerá de factores que exceden a la industria: decisiones políticas, garantías operativas y condiciones mínimas de estabilidad. Por ahora, el silencio de las compañías internacionales y la percepción dominante de alto riesgo hacen pensar que el retorno no será inmediato. Y para Venezuela, recuperar su red aérea será un proceso largo, complejo y profundamente condicionado por el rumbo que tome el país en los próximos meses.


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