En el resto de Latinoamérica, gigantes como Avianca han diversificado su estrategia a través de LifeMiles, operando casi como una entidad independiente que se alía con múltiples bancos —como Davivienda o Scotiabank— para estar presente en cada micro-transacción del usuario. Mientras tanto, en Brasil, la competencia entre Azul con Itaú y Gol con su programa Smiles ha escalado hacia una integración total de servicios que ya incluye seguros y productos financieros específicos para el viajero.

Ayer se anunció en Chile una alianza sellada entre la aerolínea ultra low cost JetSMART y Machbank, la plataforma digital de Bci, que por lo que vemos representa más que un catálogo de beneficios estacionales. Al integrar descuentos de hasta un 40% y la posibilidad de financiar viajes en 10 cuotas sin interés, ambas compañías están respondiendo a una transformación estructural en la relación entre la banca y la aviación: el paso del programa de lealtad tradicional al ecosistema de acceso inmediato.

Para comprender el impacto de este acuerdo, es necesario mirar el contexto regional donde la competencia por el «dueño de la billetera» es grande. Hasta hace poco, la aviación en Latinoamérica contaba con el caso chileno como uno de los más avanzados de la región. Por un lado, el modelo consolidado por LATAM y Banco Santander, que a través de LATAM Pass ha definido durante décadas el estándar de fidelización premium basado en la acumulación de millas y beneficios de estatus. Este esquema, aunque exitoso, estaba diseñado primordialmente para el viajero frecuente o corporativo que valora la exclusividad por sobre el precio de lista.

En México, la alianza entre Aeroméxico y Santander replica el modelo de red tradicional (legacy), enfocándose en la captura de tráfico corporativo de alto rendimiento, compitiendo directamente con las estrategias de cashback inmediato que las aerolíneas de ultra bajo costo como Volaris han comenzado a explorar con socios del sector fintech.

En tanto, la irrupción de las aerolíneas de bajo costo obligó a una reinvención de estas alianzas. Sky Airline, por ejemplo, ha fortalecido su vínculo con el Banco de Chile mediante el uso de «Dólares-Premio», un modelo que busca simplificar el canje pero que aún mantiene raíces en la banca tradicional y el recientemente anunciado programa Sky Plus.

Ahora, la propuesta de JetSMART y BCI rompe este molde al enfocarse en la democratización del viaje a través de la banca digital. Al eliminar las barreras del pago al contado y ofrecer rebajas directas sobre el precio del ticket y los servicios adicionales, el foco se desplaza hacia un público joven y digitalizado que prioriza el flujo de caja diario y la conveniencia tecnológica sobre la acumulación de puntos a largo plazo.

En el resto de Latinoamérica, gigantes como Avianca han diversificado su estrategia a través de LifeMiles, operando casi como una entidad independiente que se alía con múltiples bancos —como Davivienda o Scotiabank— para estar presente en cada micro-transacción del usuario. Mientras tanto, en Brasil, la competencia entre Azul con Itaú y Gol con su programa Smiles ha escalado hacia una integración total de servicios que ya incluye seguros y productos financieros específicos para el viajero. En todos estos casos, el objetivo es el mismo: capturar el dato del pasajero mucho antes de que llegue al mostrador del aeropuerto.

Lo que hoy vemos es la consolidación de la «banca de proximidad» aplicada al aire. Para las aerolíneas, estas alianzas aseguran una base de clientes recurrente en un mercado donde la sensibilidad al precio es extrema. Para los bancos, la categoría de viajes sigue siendo el mayor aspirador de gasto con tarjeta de crédito, permitiéndoles conocer los hábitos de consumo y movilidad de sus usuarios de forma predictiva.

2026 se perfila como el año donde la guerra por el pasajero no se librará solo en los cielos, sino en la capacidad de las marcas para ofrecer soluciones financieras que permitan que, al final del día, viajar deje de ser un lujo de pocos para convertirse en un gasto cotidiano de muchos.

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~ Juan Carlos Salazar, secretario general de OACI