La reciente operatividad de las fuerzas estadounidenses en el Caribe ha servido como un despliegue masivo de lo que se conoce como «Generación 5 y más allá». En 2026, la superioridad aérea de los Estados Unidos no se basa únicamente en la potencia de fuego, sino en la invisibilidad y la guerra centrada en datos, factores que han redefinido la velocidad de respuesta en conflictos de alta intensidad.
El tridente de la invisibilidad: F-22, F-35 y B-21
El pilar de la incursión ha sido el F-22 Raptor, que sigue siendo el caza de superioridad aérea indiscutible. Su capacidad para operar en entornos de denegación de área (como los protegidos por sistemas S-300) sin ser detectado permitió neutralizar radares estratégicos antes de que se disparara el primer proyectil convencional.
Junto al Raptor, el F-35 Lightning II ha actuado como el «mariscal de campo» del aire. Más que un caza, es un nodo de sensores que distribuye información en tiempo real a la flota, permitiendo que aviones más antiguos o buques de la Armada ataquen objetivos con precisión quirúrgica. Además, 2026 marca la consolidación operativa del B-21 Raider, el nuevo bombardero furtivo de largo alcance, capaz de penetrar las defensas más sofisticadas del mundo para alcanzar centros de mando críticos desde bases continentales en EE. UU.
Poder Naval: Los portaaviones de la clase Gerald R. Ford
La presencia del USS Gerald R. Ford (CVN-78) en aguas regionales ha sido el factor decisivo. Con su sistema de lanzamiento electromagnético (EMALS), este portaaviones permite una tasa de despegue de aeronaves muy superior a la de cualquier otra nación. Desde su cubierta, los F/A-18 Block III Super Hornet y los aviones de guerra electrónica EA-18G Growler han saturado el espectro electromagnético enemigo, «cegando» las comunicaciones y defensas contrarias antes de cualquier contacto visual.
El auge de los «Leales Compañeros» (CCA)
Una de las tendencias más impactantes de este despliegue en 2026 es el uso de aeronaves de combate colaborativas (Collaborative Combat Aircraft). Se trata de drones de alta velocidad y baja detectabilidad que vuelan junto a los cazas tripulados. Estos drones actúan como señuelos, portadores de armas adicionales o sensores avanzados, permitiendo que los pilotos humanos tomen decisiones tácticas desde una distancia segura, multiplicando por diez la capacidad de ataque de una sola formación.
Logística y Global Reach
La capacidad de Estados Unidos para sostener una operación de este calibre depende de su flota de reabastecimiento. El KC-46 Pegasus ha demostrado ser vital, permitiendo que las patrullas aéreas de combate se mantengan sobre la zona de operaciones por tiempo indefinido, eliminando la necesidad de bases terrestres vulnerables en la región y proyectando un mensaje de «alcance global» en cuestión de horas.


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