Las autoridades aeronáuticas de Chile y Perú han sellado un histórico aumento en su capacidad aérea bilateral, elevando a 168 las frecuencias semanales para cada país en la ruta Santiago-Lima. Si bien el anuncio ha sido recibido con optimismo por el sector, el análisis de Pulso Aéreo sugiere que este incremento es solo un paliativo frente a una deuda pendiente en la región: la implementación de una política de Cielos Abiertos sin restricciones de frecuencias ni designaciones.
Un avance necesario, pero limitado
El nuevo Memorándum de Entendimiento (MoU) duplica la oferta actual, permitiendo que el mercado responda a una demanda que ya supera los niveles prepandemia. No obstante, el hecho de que aún se deban negociar «cupos» de frecuencias revela un modelo de gestión aérea que muchos expertos consideran anacrónico.
- La barrera de las frecuencias: En un entorno de verdadera libertad aerocomercial, el mercado —y no el Estado— debería determinar cuántas veces vuela una aerolínea entre dos destinos.
- El estándar global: Mientras que mercados desarrollados operan bajo acuerdos de Cielos Abiertos que fomentan la eficiencia y la inversión, la región andina sigue atrapada en procesos de negociación que suelen ir por detrás de las necesidades de los pasajeros.
El «Freno» en el Aeropuerto Jorge Chávez
A este marco regulatorio restrictivo se suma un factor de costo que amenaza la competitividad del hub de Lima. La aplicación de la Tasa Única de Uso Aeroportuario (TUUA) de transferencia en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez (AIJCH) representa un desincentivo crítico.
El aumento de frecuencias entre Chile y Perú es, sin duda, una victoria para el pasajero inmediato, quien verá más opciones de horarios y potencialmente mejores precios. Sin embargo, mientras persistan los límites administrativos a la oferta y se sigan sumando cargas impositivas al uso de la infraestructura —como la TUUA en Lima—, la región seguirá volando a media máquina en comparación con mercados totalmente liberalizados.
La aviación comercial hoy no debería entenderse bajo la lógica de cuotas bilaterales. Para que Sudamérica sea realmente competitiva frente a otros bloques, los Cielos Abiertos deben dejar de ser una excepción para convertirse en la norma.


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