LATAM Colombia y Qatar Airways acaban de anunciar uno para conectar 17 ciudades colombianas con Doha. Pero los códigos compartidos existen en toda la industria. Explicamos cómo funcionan y por qué son especialmente útiles en Sudamérica.

Compras un pasaje en el sitio de una aerolínea. Recibes un número de vuelo con su código. Llegas al aeropuerto y descubres que el avión lleva los colores de otra compañía.

No necesariamente existe un error.

Probablemente estás frente a un código compartido, o codeshare, uno de los acuerdos comerciales más utilizados por las aerolíneas para ampliar sus redes sin volar físicamente a todos los destinos que venden.

IATA define el código compartido como un acuerdo en el cual una aerolínea coloca su código identificador en un vuelo operado por otra compañía y puede comercializar ese servicio como parte de su propia red.

Un mismo avión puede tener varios números de vuelo

Supongamos que una aeronave de la aerolínea A realiza físicamente el vuelo entre Bogotá y Medellín.

Ese avión y su tripulación pertenecen a la compañía A.

Pero gracias a un acuerdo comercial, la aerolínea B puede vender asientos en ese mismo servicio utilizando su propio código.

Así, en los sistemas de reserva pueden aparecer dos números de vuelo diferentes para exactamente el mismo avión, horario y recorrido.

Una es la compañía operadora. La otra es la compañía comercializadora.

Por eso siempre conviene revisar la frase «operado por» que aparece junto al vuelo.

Para qué sirve

La principal ventaja para las aerolíneas es ampliar el alcance de su red.

IATA señala que estos acuerdos permiten a las compañías acceder a más mercados y aumentar la distribución de sus servicios mediante alianzas con otros transportistas.

Imaginemos una aerolínea internacional que vuela hasta Bogotá, pero no tiene aviones operando dentro de Colombia.

Sin un acuerdo, su red termina en Bogotá.

Con un código compartido con una compañía colombiana puede comercializar conexiones hacia Medellín, Cali, Cartagena o Santa Marta sin operar físicamente esos vuelos.

El ejemplo de LATAM y Qatar Airways

Es justamente lo que ocurrirá desde noviembre con LATAM Airlines Colombia y Qatar Airways.

Qatar incorporará su código a vuelos de LATAM entre Bogotá y 17 ciudades colombianas, entre ellas Medellín, Cali, Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, San Andrés y Leticia.

De esta forma, su red comercial dentro de Colombia será mucho mayor que su operación física.

En sentido contrario, los pasajeros provenientes de esas ciudades tendrán acceso a itinerarios que conectan con la red internacional de Qatar Airways a través de Doha.

Código compartido e interlínea no son exactamente lo mismo

Los conceptos suelen confundirse.

Un acuerdo interlínea permite que distintas aerolíneas colaboren para vender y gestionar itinerarios que incluyen vuelos de más de una compañía.

El código compartido va un paso más allá: una aerolínea comercializa con su propio código un vuelo que realiza otra.

IATA considera precisamente al codeshare como un caso particular dentro de las relaciones interlínea.

¿Quién opera realmente mi vuelo?

La información aparece durante el proceso de compra y en la reserva.

La clave es buscar la indicación «operado por».

Si el ticket dice, por ejemplo, que un servicio comercializado por la aerolínea A es «operado por la aerolínea B», será B la que efectivamente realizará ese tramo con su avión y tripulación.

Esta distinción puede ser relevante porque determinados elementos de la experiencia dependen de la compañía que opera físicamente el vuelo.

Por qué son particularmente útiles en Sudamérica

La geografía regional ayuda a explicar su importancia.

Sudamérica tiene grandes distancias, ciudades dispersas y numerosos mercados que no generan suficiente demanda para sostener un vuelo internacional directo de largo alcance.

Una aerolínea europea, asiática o de Medio Oriente difícilmente puede volar directamente a cada ciudad relevante de Brasil, Colombia, Argentina, Chile o Perú.

Mediante acuerdos con operadores locales puede utilizar Bogotá, São Paulo, Lima, Santiago o Buenos Aires como puertas de entrada y extender comercialmente su red.

Para las aerolíneas sudamericanas, el beneficio funciona también en sentido contrario: pueden conectar sus pasajeros con destinos internacionales a los que no vuelan con sus propios aviones.

Una herramienta invisible detrás de muchas redes globales

El pasajero normalmente observa rutas y destinos.

Detrás de ese mapa existe una compleja red de acuerdos comerciales que permite que una compañía venda mucho más allá de los lugares a los que llega físicamente su flota.

Los códigos compartidos son una pieza central de ese sistema.

Y a medida que las aerolíneas sudamericanas profundizan sus relaciones con grandes compañías internacionales, es probable que el nombre de una aerolínea y el avión que finalmente realiza el vuelo continúen siendo, cada vez con mayor frecuencia, dos cosas distintas.

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“La aviación es una infraestructura crítica para el crecimiento económico, el comercio, el turismo, el empleo, la inversión y las oportunidades”

~ Saadia Zahidi, Directora General de IATA.

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