La posición geográfica de Chile, históricamente valorada por su acceso al mar, ha adquirido una nueva dimensión estratégica: ser la puerta de entrada de los datos entre Sudamérica y Asia. Sin embargo, esta ventaja ha arrastrado al país al epicentro de una «guerra fría tecnológica» entre Estados Unidos y China por el control de la infraestructura de cables submarinos de fibra óptica.

Lo que comenzó como una disputa técnica y geopolítica por el control de los cables submarinos y la fibra óptica, ha escalado a una crisis diplomática de alto nivel tras la decisión del Departamento de Estado de EE. UU. de retirar las visas a tres altos funcionarios del gobierno chileno, acusándolos de realizar acciones que «socavan la seguridad regional» al analizar en el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones una propuesta de un cable transoceánico de origen chino.

Este acontecimiento sin precedentes vincula directamente la política interna con la seguridad de la infraestructura digital que Chile comparte con el mundo.

El detonante: Seguridad regional

El retiro de las visas, anunciado el 20 de febrero, marca un punto de quiebre. En el trasfondo de esta sanción administrativa, subyace la desconfianza sobre los vínculos y el nivel de acceso que proveedores tecnológicos podrían tener en áreas de infraestructura estratégica.

El Pacífico en disputa: Los cables submarinos como frontera

Esta crisis diplomática coincide con el avance del Proyecto Humboldt. La decisión de Chile de optar por la ruta hacia Australia junto a Google, excluyendo la propuesta original de China, de Huawei, fue una victoria para la iniciativa Clean Network de EE. UU. Sin embargo, la reciente sanción a funcionarios sugiere que, para Washington, el riesgo de «puertas traseras» o intercepción de datos persiste si no hay una alineación total en los mandos técnicos y políticos que supervisan estas redes.

EE. UU. ha incrementado su presión para que no solo el cable, sino también las estaciones de aterrizaje y los centros de datos en territorio chileno, operen bajo estándares de seguridad que excluyan cualquier componente o influencia de agencias de inteligencia de potencias rivales.

En un 2026 donde los cables submarinos son las arterias de la economía global, Chile se encuentra en la difícil posición de intentar mantener su liderazgo digital en el Pacífico mientras recupera la confianza de sus aliados globales.

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«Las decisiones que tomemos hoy definirán el rumbo de nuestra industria durante las próximas décadas. Vamos a trabajar con los Estados y la industria para fortalecer la seguridad, modernizar la navegación aérea y promover una regulación clara, justa y armonizada. Los impuestos deben ser previsibles y transparentes, y la sostenibilidad, un compromiso compartido por todos.”

~ Juan Carlos Salazar, secretario general de OACI