El cielo latinoamericano tiene cada vez menos paciencia. Lo que antes parecía un problema exclusivo de aerolíneas europeas o estadounidenses se instaló con fuerza en la región: los pasajeros disruptivos —aquellos que agreden a tripulantes, generan escándalos en cabina o ponen en riesgo la seguridad del vuelo— crecen año a año, y las aerolíneas ya no están dispuestas a mirar para otro lado. Multas millonarias, cancelación de contratos de vuelo y demandas civiles son las nuevas herramientas que Avianca, LATAM y otras compañías están desplegando para frenar una tendencia que preocupa a toda la industria.
Solo en 2024, Avianca reportó 402 casos de pasajeros disruptivos en sus vuelos, una cifra que representa un incremento del 16% respecto a 2023 y un alarmante 118% en comparación con 2022. Uno de los episodios más graves ocurrió en el segundo semestre de ese año, en un vuelo entre Bogotá y São Paulo: dos pasajeros protagonizaron un altercado que causó daños significativos a la aeronave y obligó al vuelo a regresar a Bogotá, afectando a más de 150 personas. Avianca respondió presentando una demanda civil por más de 90.000 dólares contra los responsables. El caso marcó un antes y un después: la aerolínea colombiana declaró que tomaría todas las acciones legales disponibles y no descartaría incluir a los infractores en listas negras. Un segundo caso encendió las redes en 2026: Avianca anunció acciones legales contra el influencer colombiano Yeferson Cossio, quien puso en riesgo el vuelo AV46 en la ruta Bogotá–Madrid el 11 de marzo, y procedió a cancelar su contrato de transporte de regreso.
LATAM no es ajena al fenómeno. En los países donde opera —Chile, Brasil, Ecuador, Perú y Colombia— se contabilizaron 1.141 eventos de este tipo en 2025, un incremento del 38% respecto al año anterior. Chile se convirtió en el caso más crítico de la región: los incidentes crecieron un 120% durante 2025, totalizando 280 casos, y en el primer trimestre de 2026 ya se registran 74 nuevos eventos, manteniendo el ritmo récord. El caso que puso al gigante aéreo en primera plana fue reciente: un pasajero emitió expresiones racistas y homófobas durante el vuelo LA8070 en la ruta São Paulo–Frankfurt el 10 de mayo de 2026. El viajero fue detenido en el aeropuerto de Guarulhos el 15 de mayo, y LATAM confirmó su plena colaboración con la Policía Federal de Brasil en la investigación.
El problema tiene dimensión continental, pero las respuestas regulatorias son muy desiguales. Brasil marcó el estándar más avanzado de la región: en marzo de 2026 publicó una normativa que fija tres niveles de infracción —leve, grave y muy grave— con multas de hasta 3.500 dólares y prohibición de embarque de entre seis y doce meses según la severidad del caso. En Colombia, las normas aeronáuticas contemplan sanciones económicas que pueden superar los 14 millones de pesos, y los infractores quedan inscritos en el Registro Nacional de Medidas Correctivas, lo que puede generar restricciones como la imposibilidad de contratar con el Estado. En México, en cambio, la situación es más precaria: la Ley de Aviación Civil aún carece de sanciones similares y efectivas, por lo que el país tiene un largo camino por recorrer frente a lo que ya aplican otras naciones de la región.
El consenso de la industria es claro: sin marcos legales sólidos, las aerolíneas pelean solas una batalla que debería ser de todos. Avianca solicitó formalmente al Congreso colombiano endurecer sanciones a través del Proyecto de Ley 153 de 2025, que busca proteger los derechos del personal aeronáutico frente a conductas disruptivas. Entre las iniciativas en debate está la creación de listas de exclusión nacionales que impedirían a pasajeros sancionados abordar vuelos con cualquier aerolínea en el país. A nivel global, la tendencia es inequívoca: si en 2021 se registraba un pasajero disruptivo por cada 835 vuelos, en 2024 esa cifra cayó a un caso cada 392 vuelos. Las aerolíneas latinoamericanas aprendieron la lección a las malas: tolerar el caos en cabina tiene un costo que alguien siempre termina pagando, y a partir de ahora, ese alguien ya no será la aerolínea.


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