• El Pentágono planea una caída en picada de las compras de aeronaves en el año fiscal 2026

Los recortes de propuestos a los cazas furtivos y helicópteros de ataque podrían reducir las adquisiciones de aeronaves del Departamento de Defensa de EE. UU. a mínimos en el año fiscal 2026. La propuesta de presupuesto para el año fiscal 2026 revelada el 26 de junio por el Pentágono exige la compra de un total de 164 aeronaves entre las asignaciones normales.

En una decisión que marca un giro estratégico en la defensa aérea de Estados Unidos, el Pentágono ha optado por centrar su inversión en el desarrollo del F‑47, un nuevo caza de sexta generación diseñado por Boeing. Este avión forma parte del programa NGAD (Next Generation Air Dominance), que busca reemplazar a los actuales F‑22 Raptor con una plataforma más avanzada, sigilosa y conectada. El F‑47 integrará tecnologías como inteligencia artificial, enjambres de drones acompañantes y fusión de sensores, lo que lo convierte en una pieza clave en los futuros escenarios de combate aéreo.

Mientras tanto, el desarrollo del F/A‑XX, un programa paralelo destinado a la Marina de EE. UU. para operar desde portaaviones, ha sido pausado temporalmente. El objetivo del F/A‑XX era sustituir a los F/A‑18 Super Hornet, pero su alto costo, complejidad operativa y las dudas sobre su viabilidad en entornos navales modernos han llevado a reevaluar su futuro. Este cambio refleja una prioridad clara: consolidar primero la supremacía aérea desde tierra firme, donde la Fuerza Aérea tiene mayor capacidad operativa y de despliegue.

Esta decisión revela mucho sobre el rumbo de la tecnología militar: las futuras guerras aéreas no solo dependerán de cazas tripulados, sino también de sistemas autónomos, inteligencia artificial y conectividad total en el campo de batalla. Aunque el F/A‑XX aún no ha sido cancelado oficialmente, su reconfiguración parece inevitable. Por ahora, el F‑47 se perfila como la columna vertebral de la próxima generación de combate aéreo estadounidense.

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“Con una expansión del 6,1 % en RPK, febrero fue un mes sólido, lo que demuestra que existían los fundamentos para el crecimiento de la demanda y un año positivo. Sin embargo, sin conocer la duración e intensidad de la guerra en Oriente Medio, es imposible cuantificar el impacto total que tendrá en las perspectivas de las aerolíneas. Pero algunas cosas ya están claras. Los costos del combustible han aumentado drásticamente. Con una capacidad limitada y márgenes reducidos, las tarifas aéreas ya están subiendo. El despliegue de capacidad también se está ajustando, particularmente para el tráfico hacia, desde o a través de Oriente Medio, o en áreas donde el suministro de combustible es un problema. El crecimiento de la capacidad programado para marzo, por ejemplo, se ha moderado al 3,3 % desde las predicciones anteriores de más del 5 %”.

~ Willie Walsh, Director General de la IATA.