El tráfico aéreo en América Latina cerró 2025 con un récord histórico: más de 477 millones de pasajeros, según datos de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA), un 3,8% más que el año anterior. Casi todo ese crecimiento —el 84%— se concentró en vuelos intrarregionales. Es la clase de dato que suena bien en un titular, pero que en la trastienda operativa de un aeropuerto se traduce en una pregunta mucho menos glamorosa: ¿quién coordina a las cuadrillas de rampa, los buses de plataforma y la rotación de aeronaves cuando el tráfico crece más rápido que la infraestructura?
La respuesta, cada vez más, es inteligencia artificial. No la IA conversacional que ocupa titulares, sino una más silenciosa: cámaras, algoritmos de asignación de turnos y sistemas de visión computacional que operan lejos de las salas de embarque.
El caso Ezeiza
En Argentina, el Aeropuerto Internacional de Ezeiza incorporó un sistema de inteligencia artificial integral para sus operaciones de rampa. Más de 60 cámaras con visión por computadora monitorean en tiempo real la rotación de aeronaves —el proceso de desembarque, limpieza, carga y nuevo embarque que define cuánto tiempo pasa un avión parado en la plataforma—. El objetivo declarado es mejorar la seguridad, la puntualidad y la eficiencia del handling, es decir, de todo el ecosistema de servicios en tierra que rodea a un vuelo.
Talma y la planificación de personal
Un problema hermano es el de la asignación de personal. La empresa de servicios aeroportuarios Talma implementó durante 2024 soluciones de planificación desarrolladas por INFORM en sus operaciones en Colombia, y tras los resultados obtenidos extendió la alianza a Perú. La lógica es simple de enunciar y compleja de ejecutar: optimizar turnos y asignar equipos de asistencia en tierra considerando regulaciones laborales y picos de demanda operativa, como los que enfrenta el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de Lima.
Por qué importa
Ninguno de estos sistemas aparece en una foto de Instagram del aeropuerto. No hay kiosco de reconocimiento facial ni robot conversando con pasajeros. Pero son, probablemente, la aplicación de IA con mayor impacto real sobre la experiencia de vuelo: cada minuto que un avión gana en rotación es un minuto menos de demora en cascada para el resto de la jornada operativa.
Para una región que, según proyecciones del sector, podría duplicar su tráfico aéreo en las próximas dos décadas, la pregunta ya no es si la IA va a llegar a la operación en tierra, sino qué tan rápido los aeropuertos medianos —no solo los hubs como Ezeiza, Lima o Bogotá— pueden adoptarla sin quedar rezagados.
En Lima, el aeropuerto Jorge Chávez sumó otra pieza a este rompecabezas invisible: IRBin, un robot con inteligencia artificial pensado para fomentar el reciclaje dentro de la terminal. Un recordatorio de que la automatización aeroportuaria no siempre habla de seguridad o eficiencia — a veces, simplemente, habla de separar bien la basura.


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