A 40 minutos de Quito, en la puerta de entrada al Chocó Andino, la comunidad de Yunguilla lleva tres décadas demostrando que el turismo puede ser también una herramienta de conservación. Con apenas 166 habitantes repartidos en 55 familias, este pueblo se convirtió en referente internacional de turismo comunitario y sostenible, reconocido este año en los Dutch Travel Blog Awards como uno de los mejores destinos de viaje sostenible.
De la deforestación a la conservación
La historia de Yunguilla no empezó como un proyecto turístico. En 1995, un grupo de familias decidió cambiar el rumbo de una zona golpeada por la deforestación y apostar por la conservación del bosque nublado. Ese giro derivó, años después, en la declaración de la zona como Área de Conservación y Uso Sustentable por parte del Municipio de Quito.
El turismo llegó después, y lo hizo de una forma particular: sin hoteles ni infraestructura tradicional. Los visitantes se alojan directamente en las casas de las familias de la comunidad, comparten sus actividades productivas cotidianas —elaboración de lácteos, mermeladas, artesanías— y recorren senderos ancestrales del pueblo Yumbo, donde es posible observar especies como el oso de anteojos andino.
Un modelo que se sostiene solo
Yunguilla no depende de subsidios permanentes. El Centro de Turismo Comunitario, con capacidad para 82 visitantes, genera ingresos directos para casi 50 familias, mientras que la Corporación Yunguilla reinvierte parte de las ganancias en infraestructura y capacitación. En 2024, el Municipio de Quito destinó 176.000 dólares a mejoras turísticas en la zona, con una inversión similar proyectada para años siguientes.
Por qué es un caso para mirar
Para el resto de la región, Yunguilla funciona como prueba de concepto: el turismo comunitario puede generar ingresos reales sin depender de grandes inversiones externas, y sin sacrificar el ecosistema que lo sostiene. En un momento donde la sostenibilidad dejó de ser un discurso de marketing para convertirse en un criterio de decisión de los viajeros, casos como este muestran que la fórmula ya existe: solo falta replicarla con las particularidades de cada territorio.


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